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El 14 de septiembre celebramos la Fiesta de la Exaltación de la Cruz, una fiesta muy significativa para la comunidad pasionista. Tiempo que nos invita a recuperar aquellos valores de nuestra tradición y re-expresarlos de una manera entendible para los hombres y mujeres de hoy.

El fundador de los pasionistas, Pablo de la Cruz, fue descubriendo gradualmente el llamado a fundar una congregación para ser y hacer Memoria del gran amor de Dios por todos y todas, un amor que alcanza su máxima expresión en la Cruz de Jesús.
Este camino, fue uno transitado en soledad y silencio. En el retiro de Castellazzo se le van confirmando sus intuiciones. Durante esos cuarenta días, tiene la posibilidad de "realizar su gran deseo de vivir en oración, soledad, pobreza y penitencia", cuatro dimensiones de nuestra espiritualidad que más adelante los llamaremos PILARES.

Hoy los y las pasionistas estamos llamados y llamadas a vivir:
La soledad como distancia crítica, que lleva a la acogida.
La pobreza, como expresión de nuestra solidaridad.
La penitencia que conduce a una conversión permanente y a transformar nuestro corazón en un corazón compasivo.
La Oración en donde se crea y recrea el servicio.

Buscar espacios de soledad, no es una actitud hostil hacia los demás. Es un tiempo donde en el silencio y la oración Dios nos prepara el corazón para la comunión. Nos limpia la mirada para poder descubrir como Él está presente en medio nuestro.

"La contemplación de la realidad en soledad y silencio es caldo de cultivo de toda creatividad" (Centro Forum)

Hna. María Angélica


MES DE LA CRUZ (propuesta de oración)

14 de Septiembre al 19 Octubre de 2005

Nota Previa: Las siguientes fichas están relacionadas entre si. Se sugiere que las dos primeras se recen y reflexionen en forma personal y la última en comunidad, ésta si es posible realizarla en una fecha cercana al 19 de octubre, Fiesta de Pablo de la Cruz.

El texto de Evangelio que va a guiar durante este tiempo nuestra reflexión:
Marcos 6, 30-44.

Pablo había sentido la llamada de Dios a la soledad y a entregarse totalmente a la
Extensión del reino de Dios. Sus padre había puesto en él, grandes esperanzas y con razón, pues había sido enriquecido con dotes y talentos especiales. Pero Dios tenía otros planes sobre él. Su vocación se manifestó en diversas etapas, que Pablo mismo describiría a su obispo, Monseñor Gattinara.

Primero sintió la llamada a la soledad…a vestir un hábito negro y sencillo, a ir descalzo, a vivir en la mayor pobreza, en resumen, a llevar con la gracia de Dios, una vida de penitencia. Por esta frase podría pensarse que Dios le llamaba a una vida de solitario. De hecho la soledad, el retiro, la penitencia prepara al hombre para la graciosa llamada de Dios.

La segunda etapa, fue "reunir compañeros que juntos se dedicasen a fomentar en las almas el temor de Dios". Tendrían siempre ante sus ojos la santificación propia y la salvación de los demás. Pablo de la Cruz, no guardaría para si solo este encuentro vivencial con Dios: lo comunicaría a todos los hombres. Sin embargo no sabía todavía el camino. Sentía deseos de "reunir compañeros y vivir en comunidad", pero no le daba importancia. Tras repetidas iluminaciones interiores, Dios aumentó en él, esta ansia de reunir compañeros y…fundar una congregación que llevase por título "los pobres de Jesús". Entones tuvo la convicción de que Dios le llamaba a fundar una orden religiosa.
La congregación que habría de fundar hará de Cristo paciente y crucificado el punto central de su espiritualidad y se dedicará a presentarlo al mundo como "la obra más maravillosa del amor de Dios". Este será el carisma especial que Pablo de la Cruz trasmite a su congregación en la que sus miembros se comprometen a dar testimonio con su vida y su predicación de la "maravilla de las maravillas del amor de Dios", que se nos revela en la Pasión de Jesucristo. Es la cuarta y última etapa de su llamada de fundador.

Este lento proceso tuvo lugar entre los años 1713 y 1720, mientras Pablo vivía en su casa. Aunque muy ocupado en los asuntos familiares, llevaba una vida casi monacal. Cada día dedicaba varias horas a la oración, a la meditación y a la lectura espiritual, oía misa y recibía la santa comunión. Además practicaba duras penitencias de las que nos hablan numerosos testigos, especialmente sus hermanos de comunidad.

"La Salvación está en la Cruz"
Martín Bialas


Primera Reflexión

"Vengan también ustedes aparte a un lugar solitario, para descansar un poco"(Mc.6,31)

Para pensar:
¿Qué resonancias tiene estas palabras de Jesús en mí?
¿Cuáles son mis experiencias de soledad?
¿Qué nos dice la gente, los medios, acerca de la soledad?

Jesús buscó la soledad para encontrarse con el Padre. En la soledad y el silencio fue asumiendo su misión. Antes de cada decisión importante Jesús "se iba a un lugar solitario"

Es desde la soledad y en el silencio donde muchos, hombres y mujeres van descubriendo caminos nuevos, se van haciendo fuertes, van entendiendo mejor aquello que está pasando y por qué pasa.

Es importante distinguir entre la "soledad que nos lleva a la comunión" y la "solitariedad" de aquel o aquella que se encierra en su propio egoísmo y no quiere abrirse al prójimo.

Entendemos que la soledad es otra forma de estar en comunión. La soledad nos prepara para no quedarnos sólo en lo aparente, aquello que aparece. La soledad nos purifica la mirada para descubrir a Dios presente.

Durante este tiempo busquemos momentos de estar a solas. Una forma de encuentro conmigo misma. Una preparación para el encuentro con aquel o aquella que quiero hacerla/lo prójimo. Un encuentro con Dios que me desafía a buscar caminos de comunión.

¿Cómo me siento a solas conmigo mismo, con Dios?
A mis tiempos de soledad hago presentes a aquellos y aquellas con quienes comparto mi vida y mi tarea.

Busco un lugar apartado, como lo hizo Jesús. Leo Oseas 2,16 "Por eso la voy a seducir, la llevaré al desierto y hablaré al corazón" En la soledad y el silencio nos dejamos encontrar por Jesús.


Segunda Reflexión

"Y al desembarcar vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues eran como ovejas que no tienen pastor…" (Mc.6,34)

La soledad nos devuelve a la comunión y nos limpia la mirada para mirar esa misma realidad que dejamos, con otros ojos, con los ojos de Dios.

Nos podemos preguntar:
¿Qué vemos cuando contemplamos la realidad de nuestra ciudad, barrio, etc.?
¿Qué ven los medios cuando nos informan a través de las noticias?
¿Qué ven los políticos?

Jesús vio y sintió. Su sentir fue algo muy hondo, no fue un sentir a flor de piel. Sintió "compasión", se le conmovieron hasta las entrañas. Y comenzó a enseñarles, "porque estaban como ovejas que no tienen pastor"

Abrimos la Palabra y con el texto de Filipenses 2,1-11 hacemos oración:

Pablo nos exhorta e invita a:

Tener un mismo sentir, un mismo amor, unos mismos sentimientos.
A buscar el interés de los demás.
A tener entre nosotros los mismos sentimientos de Cristo.
A despojarnos de nosotros mismos.
A hacernos semejantes de los demás.

En síntesis es una invitación a hacerse prójimo, cercano/a, a compartir nuestras "riquezas", a dar de lo que tenemos cómo Pedro y Juan cuando se encuentran con el paralítico en la puerta del templo: "No tengo oro ni lata; pero lo que tengo te lo doy, en nombre de Jesús el Nazareno levántate y anda" (Hech. 3,6)

Buscamos un tiempo para el encuentro con nosotros/as mismos/as, un tiempo de soledad y silencio. Voy pasando por el corazón las personas, situaciones con las que me encuentro a diario. Miro mi país, su realidad, nuestra gente sus dolores, alegrías, esperanzas. Me pregunto: ¿Cómo se acercaría Jesús? Le pido que me regale un corazón parecido al de él, que me regale sus sentimientos, que me haga fuerte para poder acompañar a otros y otras que están cansados y agobiados. Que están como "ovejas sin pastor".


Tercera Reflexión

"Y se puso a instruirles extensamente" Y les dijo a sus discípulos "Denles ustedes de comer" y entonces "Les mandó que acomodaran todos por grupos sobre la verde hierba" (Mc 6,34b. 37. 39)

Comenzamos nuestra reflexión comunitaria compartiendo lo que cada uno/ a fue rezando y reflexionando con las dos fichas anteriores. Sentimientos, intuiciones, dificultades, luces que cada uno/ a fue experimentando durante este tiempo.

Lectura del texto de Mc 6 30-44, especialmente los versículos mencionados al comienzo de esta reflexión:

Jesús les enseña, los consuela, les devuelve la confianza.
Los ayuda a organizarse.
Los hace reclinar sobre la hierba verde, una forma de que se reconozcan dignos, que puedan confiar en ellos mismos.
Los envía a los discípulos a "servir".

Hoy no podemos quedarnos indiferentes frente a lo que está pasando.

Podemos preguntarnos:
¿Qué es lo que da sentido a nuestra vida y a nuestras luchas?
¿Cómo nos vamos involucrando con otros y otras buscando caminos para que en nuestra Patria haya más justicia?
O ¿Nos quedamos en nuestras casas esperando que otros encuentren soluciones a nuestros problemas?

La Palabra de Dios es siempre clara como dice Pablo es como una "espada afilada".


La leemos nuevamente. Como comunidad dejamos que nos interpele recordando que la misión de la/ del pasionista es:

Acompañar a los excluidos del sistema
a recuperar su dignidad
haciendo Memoria del Amor de Dios
que alcanza su máxima expresión
en la Cruz.